Llevar la moto es divertido pero también cosa seria, sobre todo si entre las dos ruedas van 180 caballos y una experiencia escasa. Por ello, clubes como el Kastri Racing Team de Lugo organizan cursos de conducción en circuito. «No solo son para pasarlo bien, aprendemos a conocernos a nosotros mismos como pilotos y a saber dónde está nuestro límite y el de la montura», dice Ángel Salvadores, miembro del club.
Estos cursos se realizan durante los fines de semana en el circuito permanente de Braga (Portugal), donde también se celebra la Copa Celta de velocidad, y este año comenzarán el 8 de marzo. Salvadores, delegado en Lugo de la Plataforma Motera por la Seguridad Vial, dice que los límites hay que buscarlos en los circuitos, no en la carretera. Aprender a frenar bien, trazar mejor las curvas, mejorar la posición en la moto o controlarla sobre mojado es mejor hacerlo sin cruces ni vehículos de frente, y sin el peligro de los guardarraíles.
Su experiencia es que los participantes ruedan luego más seguros en carretera o acaban comprando una moto más tranquila para ir por vías públicas. Imparten tres niveles y por 140 euros tienen monitores, seguro y médico. Hay que desplazarse hasta Braga (en Galicia no hay circuito e incluso el campeonato gallego de velocidad se corre en Braga y Estoril), pero lo consideran una buena inversión, incluso para el grupo de automovilistas veteranos sobre moto grande recién adquirida, muy castigados por los accidentes. El pasado año fallecieron más de 50 motoristas en Galicia.
José Cardalda, delegado de la plataforma en A Coruña, dice que los cursillos para mejorar la seguridad son buenos (la Xunta los había organizado con ciclomotores) siempre que luego no se pretenda ir en carretera con neumáticos especiales y ritmo de circuito. Ramón Rodríguez, del Motoclub Compostela, cree que las carreteras tampoco ayudan: «En ellas no hay pucelanas ni curvas bien peraltadas, sino guardarraíles peligrosos».
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